¿Qué significa realmente conocerse a unx mismx?

Nos rodea tanta información, podemos acceder a tantas explicaciones que nos afirman quiénes somos, qué necesitamos y qué deberíamos hacer para sentirnos mejor, o cómo alcanzar una vida más plena. Y aun así, muchas personas continúan sintiéndose perdidas, repitiendo los mismos conflictos, habitando relaciones que las hacen sufrir o experimentando una sensación persistente de vacío y desconexión.

Entonces, ¿qué significa realmente conocerse a unx mismx?

Desde mi perspectiva, conocerse no consiste en acumular información sobre quiénes somos o alcanzar algún estado ideal de bienestar permanente en 3 simples pasos.

Conocerse implica investigarse.

Explorarse.

Abrirse.

Implica también tomarse a sí mismx como objeto de estudio, reconocerse como un misterio a descubrir.

Hay algo en nosotrxs que siempre excede aquello que creemos saber acerca de quiénes somos.

Algo que se manifiesta en nuestros sueños, en nuestros síntomas, en nuestros vínculos, en nuestros deseos, en aquello que repetimos sin comprender y en aquello que nos duele.

Muchas veces tenemos tanta certeza de quiénes somos, y al mismo tiempo sentimos una angustia, o insatisfacción que no podemos explicar, porque “esta todo bien”, o nos encontramos reaccionando siempre de la misma manera frente a determinadas situaciones, “viviendo siempre lo mismo”. 

Y es ahí donde comienza la pregunta, una pregunta viva, que se aleja de lo puramente intelectual o abstracto.

Que nace del propio sufrimiento, que nos obliga a detenernos.

Que nos confronta con aquello que no entendemos de nosotrxs mismxs.

Quizás por eso el autoconocimiento no sea una búsqueda de respuestas, sino una disposición a escuchar.

Escuchar aquello que insiste, aquello que vuelve, que se repite, que busca ser dicho.

Desde el psicoanálisis entendemos que el sufrimiento no aparece por casualidad. Los síntomas, las angustias, los conflictos y las repeticiones tienen algo para decir.

Son mensajes que aún no han encontrado una forma de ser escuchados, y no simplemente errores que deben ser eliminados. 

Por eso acompaño procesos terapéuticos desde una práctica de escucha profunda.

Un espacio donde cada persona pueda hablar de lo que le duele, de lo que siente, de aquello que la atraviesa, de lo que se repite, de aquello que todavía no encuentra palabras.

La palabra ocupa aquí un lugar fundamental.

Porque hablar no consiste únicamente en comunicar algo que ya sabemos. Muchas veces, en el hablar, descubrimos algo que hasta ese momento, era desconocido.

En el proceso terapéutico, lo espontáneo del habla se vuelve materia viva.

Una palabra lleva a otra.

Un recuerdo abre un nuevo sentido.

Una emoción encuentra una historia.

Una historia revela un deseo.

Y poco a poco comienzan a aparecer conexiones que antes permanecían ocultas.

Me gusta pensar este trabajo como una forma de arte.

A partir de la palabra y del vínculo, vamos tejiendo ideas, sentires, recuerdos e historias que surgen desde lugares profundos de nuestra experiencia.

No intentamos aplicar una fórmula, ni alcanzar una respuesta universal, nos enfocamos en construir un camino singular.

Porque cada persona tiene una historia única, y cada historia requiere ser escuchada de una manera particular.

Conocerse a unx mismx no significa encontrarse de una vez y para siempre.

Significa recorrerse.

Volver una y otra vez sobre aquello que nos constituye en ese momento, 

reconocer nuestras luces y nuestras sombras,

nuestros deseos y nuestros miedos,

lo que recordamos y aquello que hemos olvidado.

Es un trabajo que lleva tiempo, que requiere paciencia.

Que invita a detenerse en un mundo que constantemente nos empuja a seguir adelante sin preguntarnos hacia dónde vamos.

Sin embargo, cuando nos damos ese tiempo, algo comienza a transformarse.

Lo que antes era pura repetición puede comenzar a comprenderse.

Lo que estaba silenciado puede empezar a encontrar palabras.

Lo que aparecía como destino puede revelarse como historia que se puede construir, tomar las riendas, y elegir otros caminos.

Y allí donde antes había únicamente sufrimiento, o un sufrimiento no reconocido, que se tapa con otra cosa, puede comenzar a surgir una relación más consciente con nosotros mismxs, con lxs otrxs y con la vida.

Este espacio nace desde esa convicción.

La de que conocerse no es un lujo ni un pasatiempo para momentos de tranquilidad, o tendencias instagrameables.

Es una de las tareas más profundas que podemos emprender.

Porque quizás la pregunta por quiénes somos no tenga una respuesta definitiva.

Pero recorrerla transforma la manera en que habitamos nuestra existencia.

Bienvenidx.

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